
Javier Parra con "Taranto" (izp.) y
"Pantera" (der.) |
El primer Alano que vi en mi niñez -al que
llamaban perro de presa- merodeaba la carnicería de la plaza de abastos de San Juan de
Aznalfarache (Sevilla), el pueblo donde crecí. Aquel
apacible animal, que respondía al nombre de "Chato", yacía generalmente
descansando a la puerta del mercado. No hubiera vuelto a recordarlo de no haber sido por
la insólita escena que protagonizó: envuelto en una reyerta, sujetaba con presa firme al
adversario que osó disputar su hembra. Durante la misma no le cambió el semblante; no
gruñó ni zarandeó a su adversario, manteniendo esa inusitada pasmosidad que le
caracterizaba. Hicieron falta diecisiete años para revivir una escena idéntica producida
en este caso por "Taranto", mi actual Alano.
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Constatando estas vivencias con descripciones antiguas,
entiendo que nos encontramos ante un animal tremendamente especializado. Su primitiva
identidad se ve reforzada por su fisonomía: de movimientos felinos, mirando de abajo a
arriba con ojos amarillos, casi malévolos al tiempo que cautivadores, sugieren un talante
imprevisible: jamás me atrevería a pronosticar las intenciones de un Alano desconocido. Intuitivos e
inteligentes en su trabajo, dosifican sus fuerzas aun sin previa experiencia. Fue a los
once meses cuando se enfrentó mi Alano con su "prueba de fuego". El objeto de
estas pruebas se presentó en forma de vaquilla brava de unos 250 kilos de peso. Se
trataba de apresar a un animal que llevaba más de un año por los montes en una preciosa
finca de Constantina (Sevilla).
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 "Taranto"
apresando vaquillas. |
En una finca que parecía no tener fín el perro ya había sido
soltado y literalmente arrollado en su primer encontronazo por un animal cuya velocidad y
potencia hicieron arrepentirme de lo que acababa de hacer. La justificada sospecha de
fracaso quedó en eso: sospecha. Subestimé el potencial de la raza. Si tuviera que
definir al Alano con pocas palabras hablaría de velocidad, resistencia, valentía,
tesón, mordida ... En definitiva, la máquina perfecta para este cometido,
¡agarrar la vaca!. Tras una persecución de dos
mil metros, la imagen de la vaca corriendo con la cabeza torcida por el peso de
"Taranto" aferrado a su cuello. LLega un punto en el que la vaca se para, muge y
lucha en vano por desprenderse de su apresor hasta finalmente entregarse.
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 "Taranto" |
Debo
aclarar, como defensor de los animales que estas practicas suelen tener como consecuencia
el propio bienestar del ganado (curas, vacunaciones, recuperación de animales huidos,
etc.), produciéndose menos daños que con otros medios más modernos e incluso
impracticables en ocasiones, como los lazos, dardos anestésicos, etc. El perro apresa la
vaca, provocando la rendición de la misma por cansancio y el propio estrés que causa la
persecución más que por dolor o daños corporales.
Posteriores agarres me corroboraron la inteligente
forma de trabajar que tienen estos perros: la localización de sus mordidas para evitar
ser dañados, la dosificación de sus fuerzas: omitiendo las clásicas sacudidas de cabeza
tan propias de otras razas y que no harían sino agotarlos innecesariamente frente a vacas
de mucho peso e indeseables para el ganadero que trata de evitar daños en sus terneros, y por último, la prontísima recuperación tanto física como psicológica.
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Su propia selección, históricamente forjada en
ambientes rurales -donde la carencia rebosa la abundancia-, condicionan aspectos tan
elementales como la alimentación y el juego: necesitan poca cantidad de alimento para
subsistir, pues lo asimilan cai todo (pasarse en la dieta los engordaría rápidamente). En cuanto al juego, son relativamente serios en la adultez; el "eterno
cachorro", tan común en nuestros perros de exposición no resulta práctico en el
campo: se trata de ahorrar combustible y -valga la métafora- el Alano es un diésel:
fuerte, práctico y duradero. Cariñosos y especialmente defensivos, distinguen
perfectamente el trabajo civil del deportivo. Rara vez se quedan con la manga en la boca
mientras el figurante se aleja: lo preferirán a él.
Pese a que su desarrollo completo es lento -ojo en su adiestramiento-
determinadas actitudes de "Taranto" me sorprendieron por su precocidad:
dominante -no peleón- con otros machos desde muy temprano, preño accidentalmente a una
perra con sólo seis meses, levantando la pata para orinar a esta misma edad.
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 "Pantera" |
Recién
adquirido -a los ochenta días-, su primera noche en casa resultó curiosa: sin emitir un
solo llanto, sí que nos sobresaltó de madrugada con unos broncos pero acachorrados
ladridos. Al abrir la puerta del pasillo lo encontré en el salón plantado con actitud
desafiante, gruñendo, con los pelos erizados y la mirada clavada en el intruso -mi
hermana-. Su temperamento reflexivo lo hace muy obediente; a las pocas semanas de convivir
con nosotros ejecutaba una serie de órdenes básicas que al surgir casi espontáneamente
y sin un preadiestramiento sistemático me hizo sospechar en el tan polémico
"aprendizaje por imitación", pues su desarrollo ha tenido lugar junto a un
Boxer y una perra de aguas que eran perros adiestrados.
No hará nada que sepa te va a disgustar,
parece en casa una escultura tamaño natural: no se siente (no puedo decir lo mismo de mis
otros perros). Se deja suspender de la piel del cuello para caer soltado con la plasticidad con que lo hace una manta sobre sí misma.
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Toda su quietud se desfigura cuando
pisa el campo. Si lo llevas a correr se adapta a tu ritmo sin mostrar el menor indicio de
cansancio. Todas estas características subyacen en su vinculación a los ambientes
rurales, donde se precisa un perro que respete al retos de los animales de la granja,
incluidos sus congéneres -con quienes tendrá que hacer labor de equipo-. Un perro que
actúe exclusivamente a la voz del amo, que sea lo suficientemente equilibrado para soltar
la presa a la orden, que tenga aptitudes físicas y temperamentales para aguntar un
trabajo duro con el mínimo coste; un perro que, en definitiva, sea capaz de vivir con
pocos mimos, sabiendo esquivar las hostilidades de quien puede ser su mejor aliado o su
peor enemigo: el hombre.
Son estas caracteristicas las que hacen
acreedores a nuestros actuales Alanos de arrastrar en gran porcentaje de pureza los genes
de sus míticos ancestros. En este sentido tratar de reconstruir su soporte genético no
tiene cabida; ya está construido desde la antigüedad.
Es una raza con valores defendibles a nivel mundial, y,
como españoles, es un reto luchar por la conservación y promoción de esta reliquia, que
condensa en su existencia todo un sentimiento. La casta alánica, bravía y corajuda,
simboliza con su rústica apariencia el valor y capacidad de sufrimiento de la historia de
nuestro pueblo.
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 "Taranto" |